Mientras las personas sepan claramente qué quieren
hacer en su vida, éstas se sienten motivadas. Cuando no tienen tan claro el
panorama, surge confusión. Es importante saber definir metas claras para evitar
esa confusión que nos conduzca probablemente a tomar malas decisiones.
Las metas claramente definidas hacen la diferencia
entre los resultados que obtienen las personas. Aquellas capaces de definirlas
claramente hacen que su jornada diaria sea más llevadera, relajada, y, sobre
todo, son conscientes de qué es lo que han hecho y lo que les falta hacer.
Para definir metas claras, nos sirve analizar nuestra
necesidad y nuestra realidad actual. “¿Qué
requiero para mejorar mi desempeño como atleta?” “¿Qué recursos necesito para
que mi equipo de trabajo mejore sus resultados?” “¿Estoy estudiando lo
suficiente como para obtener un buen resultado en el examen final?” Son
ejemplos de preguntas que nos llevarán a tomar conciencia de qué es lo que
estamos haciendo ahora, pero también están conectadas a lo que nos motiva o impulsa:
mejorar nuestro desempeño.
Las respuestas que hallemos nos llevarán a reflexiones
sobre qué hacemos ahora, cómo lo hacemos y si realmente es lo que queremos
hacer. Luego de esta reflexión, surgirán necesidades potenciales que antes no
habíamos visto, y sobre las cuales definiremos las metas. “Como atleta me falta tiempo de entrenamiento y trabajar los músculos”.
“Para que mi equipo mejore, requiero que aprendan nuevas estrategias de
ventas”. “La verdad es que sólo estudio una hora por semana, es probable que no
sea suficiente para obtener un buen resultado en el examen final”. Serían
algunas respuestas probables a las preguntas arriba planteadas.
Es importante que las personas seamos conscientes de
nuestras acciones y desempeño; pues de ese modo podremos evaluarnos de manera
honesta e imparcial, sólo así daremos el primer paso al cambio que necesitamos.
Analizadas y encontradas nuestras nuevas necesidades,
pasamos a definir nuestras metas; éstas deben empezar con un verbo que nos
impulse a accionar; deben ser concretas, específicas y realistas para nosotros;
debemos asignarle un espacio de tiempo en que debemos alcanzarla; y debemos
asignar un valor de medida que queremos obtener. “Entrenar tres horas diarias durante cuatro semanas hasta poder alcanzar
los 20 Kms”. “Contratar el próximo mes un estratega en ventas para que capacite
a mi equipo y pueda aumentar 30% de ventas hasta fin de este año”. “Estudiar
tres horas por semana durante los próximos tres meses y buscar quien me ayude a
comprobar mi aprendizaje”. Serían las posibles metas correspondientes a las
necesidades planteadas anteriormente.
Mientras más detallada y específica sea la meta, nos
servirá para darnos cuenta de nuestras acciones, y para reflexionar sobre ellas
y modificarlas, de ser necesario.
Cuando las necesidades son reformuladas, surgen nuevas
ideas para mejorar nuestro desempeño, y éstas ideas se plasman en metas bien
definidas. Este proceso nos permite tangibilizar los cambios que queremos en
nuestras vidas, y es aplicable a todo lo que queramos.
¿Te animas a probarlo?
Eduardo Farfán Cedrón

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