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El lenguaje de tus pensamientos


Yo pienso, por lo tanto soy”. Descartes, famoso por esta frase, nos invita a estar en constante apertura a la duda.
¿Es posible dudar de nuestros pensamientos? ¿Cómo sabemos si nuestros pensamientos son reales?
Los pensamientos pueden formarse a partir de una imagen, recuerdo, sonido, aroma, sabor, textura, y todo aquello que es posible percibir a través de nuestros sentidos. Ese estímulo nos dispara un pensamiento; y a partir de éste, vamos hilando ideas que nos llevan a actuar.
Entre el estímulo recibido y el pensamiento se encuentra la creencia. Lo que Epicteto (50 d. C.) explicó: “Los hombres se ven perturbados, no por las cosas, sino por las opiniones sobre las cosas”. Esas opiniones se construyen a lo largo de nuestra vida, y les damos forma con nuestro lenguaje. Ese lenguaje, es el resultado de nuestras relaciones con otras personas y con nosotros mismos. Si éstas relaciones han sido saludables, también lo será nuestro lenguaje, y éste se hará aun más saludable, impactando directamente nuestras relaciones. Es una acción-reacción infinita.
Una vez que nuestro lenguaje permitió el nacimiento de la creencia, nuestra vida cambió, ya que todo lo que pensemos será a partir de esa creencia. Y desde una visión cognitiva emotiva y conductual; primero pensamos, luego sentimos, para finalmente actuar. Si cambiamos esa creencia, cambiará también la emoción y la conducta.
Un camino para modificar esa creencia, es el lenguaje. Si prestamos atención a ese monólogo interior, si somos conscientes de las palabras que usamos, y decidimos reemplazarlas por aquellas que nos brinden mayores beneficios, podremos tratarnos mejor a nosotros mismos, y esto tendrá un efecto directo con los demás. Cuando decidimos ser honestos con nosotros mismos usando palabras amigables, realistas, sin ser pesimistas; cuando aceptamos nuestra vida pasada y presente con ánimo y sin flagelarnos por lo vivido; cuando somos generosos y empáticos con nosotros mismos usando un nuevo lenguaje interior, el efecto en nosotros mismos será el cambio de visión sobre nuestras creencias.
Intenta hablarte pausado y con optimismo (sin alejar los pies sobre la tierra); sé empático y amable con tu yo interior; háblate como si recién te conocieras y como si tuvieras mucho interés en ti mismo(a), y verás que la luz se hace intensa, y podrás ver más claro el camino a tu grandiosa vida.

Eduardo Farfán Cedrón







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