Ir al contenido principal

Adaptación


¿Cuántas cosas nuevas has aprendido en estos últimos casi dos meses? ¿Te costó mucho aprenderlas?
Podemos darnos cuenta que las circunstancias asociadas a la pandemia del COVID-19 nos ha presentado versiones de nosotros mismos que estaban escondidas, hasta desconocidas, como: tolerar el encierro prolongado, nos convertimos en chefs, profesores de niños, consejeros de amigos y la pareja, incluso fuimos capaces de lavarnos las manos más de una vez al día!
¿Y por qué cambiamos nuestros hábitos? porque no nos quedó de otra!, claro está. Nos sentimos obligados a hacerlo, no teníamos ayuda, teníamos que hacerlo nosotros mismos, o sufríamos las consecuencias de no hacerlo.
Inicialmente, muchos de nosotros negamos tal situación, pensando que era una exageración todo lo que recomendaban, que era pasajero y que ya pasará. En la medida que pasó el tiempo la ansiedad creció y sentimientos de frustración, rabia, pena, afloraron y durante varios días nos gobernaron, afectándonos y también a los que nos rodean. Pasado nuestro “berrinche”, empezamos a reflexionar. “Estoy acá, no me queda de otra que ocuparme en algo, ayudar en casa, ponerme a estudiar, trabajar o buscar trabajo, empezar a reírme, llamar a mis amigos, etc.” Decidimos ocuparnos de nosotros mismos y no que la situación nos ocupe.
Parte de la naturaleza del ser humano es la adaptación, pero a muchos nos cuesta por culpa de nuestros hábitos (mentales y de conducta), nos encaprichamos en algo que muchas veces se puede abandonar (cuando nuestros problemas de salud mental no son serios).
Adaptarnos a las circunstancias cambiantes no “debe” ser siempre un proceso doloroso, sino uno consciente y sobre todo voluntario. Algo que sirve en este proceso inicial es evaluar lo pros y contras de nuestras acciones o hábitos (mentales y conductuales), y listar los beneficios o pérdidas que nos ofrecen. En base a nuestras circunstancias con sus resultados actuales, identificamos los cambios que queremos hacer, los priorizamos e inmediatamente ejercemos acciones progresivas, buscando nuevos descubrimientos que hagan nuestra vida más cómoda.
"Adaptarnos" debe ser nuestra nueva normalidad.
Eduardo Farfán


Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Cómo definir metas claras?

Mientras las personas sepan claramente qué quieren hacer en su vida, éstas se sienten motivadas. Cuando no tienen tan claro el panorama, surge confusión. Es importante saber definir metas claras para evitar esa confusión que nos conduzca probablemente a tomar malas decisiones. Las metas claramente definidas hacen la diferencia entre los resultados que obtienen las personas. Aquellas capaces de definirlas claramente hacen que su jornada diaria sea más llevadera, relajada, y, sobre todo, son conscientes de qué es lo que han hecho y lo que les falta hacer. Para definir metas claras, nos sirve analizar nuestra necesidad y nuestra realidad actual. “¿Qué requiero para mejorar mi desempeño como atleta?” “¿Qué recursos necesito para que mi equipo de trabajo mejore sus resultados?” “¿Estoy estudiando lo suficiente como para obtener un buen resultado en el examen final?” Son ejemplos de preguntas que nos llevarán a tomar conciencia de qué es lo que estamos haciendo ahora, pero también está...

El lenguaje de tus pensamientos

“ Yo pienso, por lo tanto soy ”. Descartes, famoso por esta frase, nos invita a estar en constante apertura a la duda. ¿Es posible dudar de nuestros pensamientos? ¿Cómo sabemos si nuestros pensamientos son reales? Los pensamientos pueden formarse a partir de una imagen, recuerdo, sonido, aroma, sabor, textura, y todo aquello que es posible percibir a través de nuestros sentidos. Ese estímulo nos dispara un pensamiento; y a partir de éste, vamos hilando ideas que nos llevan a actuar. Entre el estímulo recibido y el pensamiento se encuentra la creencia. Lo que Epicteto (50 d. C.) explicó: “ Los hombres se ven perturbados, no por las cosas, sino por las opiniones sobre las cosas ”. Esas opiniones se construyen a lo largo de nuestra vida, y les damos forma con nuestro lenguaje. Ese lenguaje, es el resultado de nuestras relaciones con otras personas y con nosotros mismos. Si éstas relaciones han sido saludables, también lo será nuestro lenguaje, y éste se hará aun más saludable, imp...

Tener un propósito de vida

Propósito se define como “la determinación firme de hacer algo”, “objetivo que se pretende alcanzar”. Cuando hablamos de propósito de vida nos referimos a eso que queremos alcanzar a lo largo de nuestra vida, como un proceso cambiante y no como un fin en sí mismo. El propósito de vida involucra deseos, sueños, metas, acciones, intenciones, sentimientos y todo lo profundo que contenemos en nuestro ser y que es capaz de activarnos. Sirve para impulsarnos y motivarnos día a día, y sobre todo para no distraernos con aquello que no agrega valor a nuestras vidas. El propósito de vida es el alimento de nuestro ser interior. Podemos construir nuestro propósito de vida usando las enseñanzas que nos dejaron experiencias previas, en lo posible aquellas enseñanzas producto de experiencias plenas en donde nos hayamos sentido felices, por ejemplo. En ellas, identificamos palabras o frases que traduzcan ese sentimiento (que son producto del recuerdo de esa vivencia), y las anotamos a modo de tor...