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Tener un propósito de vida

Propósito se define como “la determinación firme de hacer algo”, “objetivo que se pretende alcanzar”. Cuando hablamos de propósito de vida nos referimos a eso que queremos alcanzar a lo largo de nuestra vida, como un proceso cambiante y no como un fin en sí mismo.
El propósito de vida involucra deseos, sueños, metas, acciones, intenciones, sentimientos y todo lo profundo que contenemos en nuestro ser y que es capaz de activarnos. Sirve para impulsarnos y motivarnos día a día, y sobre todo para no distraernos con aquello que no agrega valor a nuestras vidas. El propósito de vida es el alimento de nuestro ser interior.
Podemos construir nuestro propósito de vida usando las enseñanzas que nos dejaron experiencias previas, en lo posible aquellas enseñanzas producto de experiencias plenas en donde nos hayamos sentido felices, por ejemplo. En ellas, identificamos palabras o frases que traduzcan ese sentimiento (que son producto del recuerdo de esa vivencia), y las anotamos a modo de tormenta de ideas. En la medida que rememoramos esos recuerdos, aflorarán sentimientos profundos (y los traduciremos en palabras y frases) que nos conectarán con nuestro ser interior. Es en este estado que podemos definir un propósito de vida auténtico y duradero.
El propósito de vida responde a preguntas como: ¿Qué quieres? ¿Para qué lo quieres? ¿Cómo lo conseguirás? La respuesta, que será una frase, alimentada por el ejercicio descrito anteriormente, representará la esencia de nuestro propósito de vida. Éste será aquello que iluminará nuestro recorrido diario, será la motivación cuando sintamos cansancio, será alegría en medio de la tristeza, será esperanza cuando nos abrumemos. Servirá de ayuda para tomar mejores decisiones, cuando no sepamos por dónde ir. Es decir, será el móvil que nos ayude a avanzar en la vida, porque la única opción en la vida es eso: avanzar.
Siendo el propósito de vida algo nuestro y que salió de nuestro ser profundo, éste puede ser modificado cuando nosotros lo decidamos; se espera que la esencia no cambie, sino sólo para abarcar más elementos que en la medida que envejecemos requerimos.
A veces, es mejor detener nuestras actividades y reflexionar sobre lo que hemos hecho hasta este punto de nuestras vidas, verificar si realmente es lo que queríamos y si se está dando cómo lo queríamos; y si realmente nos ayudaría construir un propósito de vida que sea luz para nosotros.




Eduardo Farfán Cedrón




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