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Dejar un legado


Un legado puede ser material o inmaterial, y que se transmite de generación en generación. Cuando este legado o herencia es material, lo aprovechamos, disfrutamos, lo compartimos, hasta que se termina.

Cuando el legado es inmaterial, se vuelve inmortal, y podría ser el camino a la sabiduría. ¿Pensamos en dejar a los que amamos y al mundo, un legado inmaterial? ¿Con que frecuencia lo pensamos?

Nuestros padres nos enseñaron cómo comportarnos frente a situaciones específicas, cómo reaccionar ante las circunstancias de la vida, incluso nos enseñaron cosas que ellos no sabían que lo estaban haciendo. Es decir, nos dejaron su legado, tal cual ellos quisieron hacerlo: éste legado es el que ahora compartimos, no sólo con nuestra familia, sino con amigos, compañeros de trabajo y con la sociedad en general.

Ser conscientes de nuestro comportamiento, evaluarlo, reformularlo y modificarlo es un buen inicio para construir y dejar un legado saludable a los demás. Somos conscientes de lo que vivimos cuando estamos en el presente, puesto que arrastrar cosas del pasado o pensar en un futuro lejano, podría alterar nuestro estado de ánimo, y, por tanto, nuestro comportamiento.

Nuestra calidad de vida es un reflejo de nuestra vida emocional, son las emociones las que nos permiten actuar mejor con nosotros mismos y con los demás. El legado emocional saludable, que nos esforcemos por dejar a los demás, será el éxito de las próximas generaciones.

Pensar en dejar un legado, también es pensar y creer en los demás. Es decir, elevar
nuestro grado de conciencia, lo que nos permitirá ver o sentir cosas nuevas que también involucran a los demás. Nos volvemos más cuidadosos de lo que hacemos o decimos, nos volvemos considerados con el resto. Esa consideración es la que tanto nos hace falta a veces, y sobreponemos el egoísmo como una barrera que nos “protege”, para no parecer débiles o para no meternos en problemas “ajenos”. Pero el problema no es ajeno, sino, muchas veces, también nuestro.

En la medida que actuemos distintos con las demás personas, nosotros seremos mejores personas, y nuestro legado permitirá mejores generaciones de seres humanos. Compremos la idea de hacer y ser mejores día a día; no esperemos reconocimiento o que alguien nos motive, porque podría no llegar ese momento o persona que lo haga. Hagamos las cosas correctas sólo por el hecho de hacerlas, porque vale la pena hacerlas.

Las circunstancias nos permiten darnos cuenta de que siempre hay opciones nuevas sobre cómo actuar mejor. Pero a veces decidimos no darnos cuenta de ellas. Es un proceso lento; es decir, el de ser conscientes de nuestro comportamiento, y es mejor iniciarlo tan pronto podamos. Los beneficios no sólo serán para nosotros mismos, sino también para los que amamos.


Eduardo Farfán Cedrón











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